Memoria Coahuila

Recuperación documental y estadística de la violencia 2006 - 2015

Descubre

La vida después de la desaparición

Luis Mauricio, padre de familia y taxista, robusto, de tez morena, ojos claros y cabello rizado. Nunca había sido una mala persona ni un buscapleitos, platica su familia. No tomaba, no fumaba, y sin embargo, esto no impidió que fuera desaparecido.

Con tres hijos y una esposa, el 25 de mayo de 2015, Luis Mauricio desapareció de la vida de sus seres queridos sin dejar huella o pista alguna. “No somos las mejores personas, pero tampoco somos las peores. No somos de los que anden asaltando, matando gente o secuestrando, entonces, ¿por qué nos pasa esto? He perdido la fe en Dios, si existiera, él no nos haría esto”, comenta la esposa, Guadalupe Menchaca.

Mauricio, “Maury”, hijo de Luis Mauricio, tenía 21 años de edad cuando venía llegando del trabajo para bañarse e irse a clases, cuando se topó con su madre, quien, angustiada le soltó: “Tu papá no ha regresado”.

Maury cuenta que eso era inusual en su padre, pues lo más tarde que solía llegar era a las 2 de la mañana por su trabajo como taxista. Eran las 7 de la mañana de ese 27 de mayo.

“En ese tiempo no teníamos carro. Así que tomé mi bici y salí a buscarlo”, recuerda Maury. Al no tener idea y no encontrar algo que sirviera en su búsqueda, decidió ir con don Ricardo, el señor que le rentaba el taxi a su padre.

- Oiga, ¿no ha visto a mi papá? Lo que pasa es que no ha llegado a la casa –le informó.

- No, pues igual y anda trabajando. Pero, aquí vino ayer en la tarde –le respondió.

Fue visto por última vez el 24 de mayo por la tarde, cerca de las 17:30. Maury decidió entonces hacer la búsqueda por medio del GPS integrado al automóvil. Éste, al ser activado, como primera locación mostró la calzada Abastos. Para dar con Luis Mauricio, el concesionario juntó a varios de sus trabajadores para que inspeccionaran en sus respectivas zonas.

El taxi de Luis Mauricio estaba en movimiento. Los compañeros taxistas emprendieron una persecución que duró poco. El taxista más cercano chocó y el taxi que una vez mantuvo en su mira, se perdió a lo lejos.

“Minutos después, alteraron el GPS. Y nos dimos cuenta porque empezó a marcar cosas sin sentido. Por ejemplo, a las 3:10 estaba en la Plaza Mayor y a las 3:15 estaba en el Bosque Urbano. Era algo ilógico por las distancias”, recuerda Maury mientras se encoge de hombros y demuestra incredulidad en su rostro. - “Con todo y taxi se lo llevaron”, añade.

Al día siguiente, según las autoridades, el taxi fue encontrado en la colonia Nuevo México en perfectas condiciones, pero del señor Arrambide no se supo nada. La colonia Nuevo México está ubicada al poniente de Torreón y en el pico más alto de violencia que vivió la ciudad, fue considerada una guarida de los Zetas, el grupo crminal que disputó el territorio contra el cártel de Sinaloa.

“Lo único que le faltaba era la pila, el taxímetro y un estéreo que yo le había regalado a mi papá para el taxi”, cuenta Maury y explica lo extraño que se les hizo encontrar el carro después de pernoctar en una colonia muy poco segura. Algo andaba mal.

Al día siguiente, Guadalupe Menchaca, la mamá de Maury, acudió al Ministerio Público y declaró todo lo que había sucedido.

Nadie ayudó

Una vecina, dueña de una farmacia presenció los hechos. La señora marcó a la policía:

-Están desapareciendo a un hombre, acá en Jacarandas. Vengan rápido –pidió auxilio la mujer.

-Vamos para allá –respondieron del lado de la policía.

La ayuda nunca llegó.

Días después acudieron a la farmacia unos ministeriales y amenazaron de muerte a los testigos.

-“¡Sabes qué!, si sigues hablando, te vamos a matar a la verga”, advirtieron los funcionarios.

Las amenazas provocaron temor en los testigos, tanto, que optaron por desplazarse de la ciudad algunos meses.

“La señora, estaba bien puesta”, dice Maury, dispuesta a todo para ayudar a la familia sin importar el riesgo que éste conllevaba. Aquella misma mujer, quien permanece en anonimato, agrega: “A mí, no me importa. ¡Ellos que me amenacen con lo que quieran!, esas cosas no se hacen y si fuera mi familia, me gustaría que me ayudaran.”

ZLa vida cambió

“Me hago como que no pasa nada, o sea, lógicamente sí pasa, porque faltan un chorro de cosas. Hace falta siempre tu padre o tu madre, en tu casa, en tu vida, o sea, para cualquier cosa”, platica Maury mientras mantiene la mirada, por un momento, perdida en el suelo.

Desde entonces, la vida de la familia Arrambide Menchaca no ha sido fácil. La madre había padecido y vencido el cáncer 2 años atrás, sin embargo, tras la desaparición de su marido, se enfermó de depresión e insomnio, lo que causó un daño en su salud. El cáncer apareció por segunda vez.

A pesar de que en un tiempo la esposa de Luis Mauricio perdió la fe en todo, incluyendo Dios, poco después, la retomó y rezaba constantemente. “Yo creo que lo hacía porque necesitaba algo en qué agarrarse. Yo, por ejemplo, me digo todos los días: “Si fallo hoy, ¿qué será de mi familia?”, es lo que me motiva a hacer las cosas lo mejor posible”, cuenta Maury.

Así como le había y le ha funcionado a él, lo mismo sucedió con su madre.

- Fue una cosa tras otra lo que ocasionó todo esto, pero, gracias a Dios, pudo vencerlo una vez más, y desde entonces, la cuidamos mucho, nos mantenemos atentos con ella.

- ¿Cómo ha cambiado su vida? – se le pregunta a Maury.

- Pues, es que fíjate -suelta un largo suspiro - es mi hermana la más grande, luego sigo yo y luego sigue mi hermano, entonces pues… no sé… cómo que inconscientemente o conscientemente, dije: “Ay caray, me toca a mí el papel del hombre de la casa”, o sea, como que ahora tengo yo que tomar, por así decir, el mando de todo; ayudar a mi mamá, apoyarla, porque la verdad nunca te esperas una noticia así de: “¿Sabes qué? se desapareció tu papá.”

Para Maury nada de esto ha sido sencillo. Platica que se ha encargado de suprimir aquellas emociones y momentos que lo pueden tumbar en cualquier momento. “Nunca he llorado frente a mi mamá ni mis hermanos. Pienso en que si me ven llorar, les hará mal a ellos. Por eso me mantengo, pues, sereno y fuerte”, cuenta con voz quebrada.

Un detalle que constantemente lo atormenta, es que nunca mantuvo mucha comunicación con su padre. No platicaban seguido de cómo se sentían, sino de lo que hacían en el día a día; lo veía poco ya que entre el trabajo y la escuela consumían su tiempo.

- ¿Qué es lo que más extrañas de él? - Maury se queda pensativo por un momento y deja asomar una pequeña y rápida sonrisa.

- -Pues su forma de ser. Era una persona muy ocurrente, se le facilitaba mucho hacernos reír. Era payaso, simplón.

Uno de los más afectados emocionalmente por la desaparición del señor Arrambide, es el hermano menor de Maury, Luis. Maury refiere que su hermano y su padre convivían una gran cantidad de tiempo. Desde el suceso siente una tremenda culpa porque dice que él solo trae problemas a la familia. En noviembre tendrá una hija, y por esto se siente un estorbo.

Esperanza

En este tiempo la familia ha cosechado esperanza y sueños en que un día vuelvan a tener consigo a su padre y esposo.

En cuanto a lo económico, sí se tuvo un declive. Antes trabajaban ambos padres, por lo tanto, Maury tuvo que tomar riendas en el asunto y se puso a trabajar más para sacar adelante a su familia. Reciben también un apoyo de la Comisión Ejecutiva de Atención a Víctimas (CEAV), un departamento del gobierno cuya función es encargarse de los familiares de víctimas.

La madre de Maury, Guadalupe, ingresó a las filas de un grupo de familias que buscan a sus seres queridos desaparecidos, Grupo Vida. El grupo organiza búsquedas en campo para encontrar pistas y rastros en zonas que se presume utilizaron los narcotraficantes para matar y quemar a sus víctimas. Pese a ello, Maury comenta: “Esperas siempre lo mejor ¿no?, que esté vivo y algún día volver a verlo”.

logo Ibero


Centro de Investigación Institucional - Departamento de Humanidades